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¿En qué momento nos hemos convertido en nuestros propios vigilantes?

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Entre las muchas corrientes de pensamiento popular en torno a la tecnología, se puede determinar que existen dos claramente marcadas: la que está segura de que la tecnología será nuestra salvación y su contraria, la que considera que nos está controlando poco a poco, anulando nuestra percepción, nuestra capacidad de respuesta, tan sobreestimulada, frente el mundo que nos rodea.

Pero apartemos la cuestión de dramatismos, de extremos. La tecnología es una herramienta, en el sentido mecánico y antropológico de la palabra. Con la tecnología se logran cosas, se alcanzan metas maravillosas y se hacen realidad sueños del pasado. Lo que se pierda es responsabilidad personal. Dicho de otro modo: es culpa del sujeto, no del objeto.

Despistados por una buena causa

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En su libro ‘The Shallows’, Nicholas Carr apuntaba a cómo el cerebro humano se ha habituado a consumir y olvidar información rápidamente, hecho que «impide construir conocimiento». Popular es el estudio que decía cómo el hombre había perdido 4 segundos de su capacidad de atención durante las últimas dos décadas, cuando mayor exposición tecnológica se ha dado.

El hombre ha perdido 4 segundos de su capacidad de atención durante las últimas dos décadas

Éste no es un pensamiento nuevo. Como señalaba el científico estadounidense Eric R. Kandel para New York Times, la memoria histórica del ser humano está sufriendo un deterioro con ampliar la perspectiva del presente en detrimento de obtener una imagen más amplia y distanciada. Algo que también apuntaba Maggie Jackson en su libro Distracted.

¿Cómo combatir este despiste generalizado? Pues saliendo a tomar el aire, como dirían las abuelas. A esa conclusión llegó la Escuela Peripatética hacia el 335 antes de Cristo: las ideas fluyen a través del movimiento. Caminar como hábito, en un sentido conceptual, es la forma de reforzar la memoria y estimular el cerebro. «En el momento en el que se empiezan a mover mis piernas, mis pensamientos empiezan a fluir», escribiría el novelista Henry David Thoreau.

Las ideas fluyen a través del movimiento

En todo movimiento hay desafío —por mera cuestión física—. Se estimula el sistema vestibular, responsable del equilibrio, y hace que el resto del cuerpo, de los músculos, entren en acción. También el propio Friedrich Nietzsche diría «todas las verdaderas buenas ideas se concibieron caminando». Sólo hace falta recordar a los grandes aventureros, a Marco Polo o a Fernando de Magallanes atravesando la Tierra del Fuego. Aunque no es necesario ir tan lejos, claro, que para eso está la tecnología.

Escuela De Atenas

Corriendo por un futuro mejor

¿Podría dicha tecnología combatir el sedentarismo generalizado? Puede y debe. El actual es el periodo de obesidad más agresivo que se ha podido documentar. En el caso de España, tenemos tasas altísimas como las de Asturias (25,7%), Galicia (24,9%) y Andalucía (24,4%). Por ejemplo, el último Mapa Nutricional Junaeb registrado arrojaba cifras alarmantes: la obesidad afecta a un 25% de los jóvenes chilenos y hasta un 26,7% presenta sobrepeso.

No en vano, la OMS alerta de una gran crisis hacia 2030 y considera la obesidad y la diabetes una «gran plaga» futura.

Vivimos el periodo de obesidad más agresivo que hemos podido documentar

Y, por supuesto, la solución no viene por un “impuesto sobre el azúcar” sino a través de hábitos saludables. En este particular, la proliferación de pulseras de medición de actividad se ha disparado en los últimos años. Y no es por las razones equivocadas. Se podría considerar que todas esas apps registrando la actividad diaria, el consumo calórico, las pulsaciones por minuto o actuando como GPS son una intrusión, un pequeño robo de la individualidad e independencia. Nada más lejos de la realidad.

Si la salud se convierte en una prioridad cada vez mayor —pese a estar cada vez menos sanos— es precisamente por esto mismo: existe una conciencia de que es necesario actuar, un sentimiento de que hay que tomar algún tipo de medida de prevención.

Quién vigila a los vigilantes

Gear Fit2 Gps Visual

¿A qué responde esa necesidad de controlarse a uno mismo en cada momento? El poder de la información. Determinar en un puñado de datos qué somos y qué no somos es clave para conservar la calma. Podría decirse que la monitorización es un control de daños a pequeña escala. Pero los datos, por sí mismos, son hojarasca, algo que se perderá en la memoria, ya de por sí olvidadiza.

El poder de la información: la monitorización es una forma de control de daños a pequeña escala

Para enfrentar estos dos problemas —la dependencia con la tecnología y la vida sedentaria y obsesiva sobre esa misma tecnología— existen pequeños gadgets, poco invasivos, que remiten simplemente a los abalorios ancestrales. Una pulsera que es algo más, algo adecuado a nuestro tiempo.

Atendiendo, por ejemplo, a la nueva Gear Fit 2, ésta es esencialmente una pulsera con chip GPS, para trazar rutas, medir el tiempo y demás. Un chip GPS cuyo rastreo, de hecho, podría salvar vidas en un caso de secuestro.

Pero dentro de su pequeña pantalla AMOLED esconde un montón de utilidades: acelerómetro, giroscopio, barómetro y un monitor de frecuencia cardíaca (MFC). Como se exponía al principio, la tecnología es una herramienta, las posibilidades están sobre la mesa.

Midiendo el tiempo que se pierde… y que se gana

Gear Fit2 Style02

Poca gente es ajena al método de los 7 minutos de ejercicio. ¿Quién no tiene siete minutos libres a lo largo del día? Es lo que se tarda de media en alcanzar una parada de autobús. Este método irrumpió cuando Brett Klika y Chris Jordan, dos expertos del Human Performance Institute (Florida), presentaron los progresos a la revista American College of Sports Medicine’s Health & Fitness.

El método de los 7 minutos funciona, pero son necesarios un buen puñado de complementos

Desde entonces, la fama fue creciendo y extendiéndose. Se basa en una serie de intervalos, donde realizar 11 ejercicios en los que sólo se necesita una pared, una silla y el peso de uno mismo para la “configuración automotriz”. El beneficio metabólico era real y, aunque los autores de la investigación proponen repetir la rutina hasta alcanzar los 20 minutos —sumado con otros ejercicios—, estos 7 minutos se convirtieron en una regla de oro. El tiempo es la moneda de cambio más valiosa.

Como parte de la familia del smartwatch Gear Fit 2, los auriculares Gear IconX complementan esta idea de no perder el tiempo. Ambos comparten el ecosistema y la información, y además ofrecen una serie de funcionalidades: determinan la distancia recorrida, el tiempo invertido, la velocidad o calorías consumidas, y disponen de un Voice Guide, un personal trainer que va indicando el progreso en la actividad física.

Este empujón de ayuda puede ser determinante para decidirse a practicar una actividad física... o no. Por supuesto, también son unos auriculares al uso, como un casco Bluetooth compatible con un móvil, y también actúan un reproductor de música ya que cuentan con 4GB de memoria interna, suficiente para almacenar unas 1.000 canciones. Complementos que pueden hacer algo más fácil levantarse del sofá si ya se está en el vértice de la decisión, pero que no regalarán a nadie el milagro de la voluntad.

Pero volviendo a la cuestión del tiempo perdido, los Gear IconX se cargan automáticamente en cuanto son guardados en su funda. No hay ningún truco: cuentan con una batería de 315 mAh que se puede cargar con la corriente y ésta alimentará las pequeñas baterías de 47mAh de los IconX cuando estén dentro. Tanto Gear Fit 2 y Gear Icon X son parte de un mismo ecosistema donde el smartphone Samsung Galaxy S7 (o Edge) es el núcleo de acción.

Sí, podría decirse que todos nos hemos vuelto un tanto invasivos con nuestros propios datos. Información que procesamos y desechamos, sin valorar su verdadera importancia. Pero por fin sabemos cómo combatir lo que comemos —y no deberíamos comer—, tenemos la información en nuestro poder y la tecnología para avanzar hacia adelante. Y la mejor forma es, justamente, poniendo un paso delante de otro. Ya decía el poeta «caminante, no hay camino, se hace camino al andar».

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