Año y medio con Cyanogen oficial, esta es mi experiencia

Era octubre de 2014 y Google iba a lanzar su Nexus del año. La expectación era máxima. Y hubo doble decepción. Primero porque lo lanzaron sin avisar (no os podéis imaginar el estrés que vivimos en Xataka Android). Segundo, porque el precio no era atractivo. El Nexus 6 rompió la línea marcada por el Nexus 4 y 5 de un móvil atractivo (no hiperpuntero) a un precio de gama media.

Por aquel entonces mi Nexus 4, ya con dos años, daba sus últimos coletazos. A pesar de ser uno de los móviles que más contento me tenía la potencia se resentía, el almacenamiento estaba siempre lleno y la batería no duraba mucho. Era mi momento para cambiar de terminal.

El Nexus 6 era mi objetivo pero me dejó frío. No era solo en precio, me parecía demasiado grande y la cámara no parecía gran cosa. Y además había algo que me rondaba la cabeza en aquel entonces, el móvil que una compañía china había presentado hacía poco con un extraño sistema de compra por invitaciones: el Oneplus One.

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Especificaciones atractivas, precio ajustado... y Cyanogen

El Oneplus One venía como un soplo de aire fresco. Si bien Motorola había roto la gama baja con su Moto G (gama baja en precio pero especificaciones de gama media) Oneplus venía a romper la gama media, creando lo que hemos venido llamando supergama media.

De hecho tengo la impresión de que habría llenado el hueco que dejaron los Nexus si no fuera por su sistema de invitaciones. Aún así lograron tener bastante relevancia y fueron el modelo de otras marcas que empezaron a usar los SoC hasta entonces reservados a los gama alta en terminales de mitad de precio (con concesiones, claro).

Una de las cosas que me resultaba atractiva del Oneplus One era que venía con Cyanogen, el sistema operativo "profesional" de los líderes del proyecto CyanogenMod. Es decir, la ROM oficial del Oneplus One iba a ser una de las ROMs más famosas del momento, con modificaciones muy interesantes a Android pero sin perder la esencia (por ejemplo, aplicaciones de Google).

La experiencia Cyanogen

Una de las principales pegas que comentaba la gente que usaba Oneplus cuando se lanzó es que el software estaba poco pulido. Es cierto que en Cyanogen tenían mucha experiencia en cocinar ROMs, pero no es lo mismo soportar de forma no oficial un terminal que de forma oficial. Los que trastean con el móvil saben que puede haber problemas, cosas que no vayan finas, etc. pero eso no es aceptable con el sistema operativo que viene de serie con el terminal.

En los primeros meses de Oneplus One hubo muchas OTA corrigiendo errores y mejorando la experiencia de uso. Cuando yo lo compré, en octubre de 2014, la cosa estaba bastante pulida. La experiencia era buena, con Android 4.4 Kit Kat.

Pero lo que esperábamos todos los usuarios de este terminal es la actualización a Lollipop. Cyanogen se había comprometido a actualizar en menos de tres meses a nuevas versiones, pero no pudieron cumplir. Realmente hasta abril de 2015 no llegó la actualización, a pesar de que dicha versión se lanzó en octubre de 2014. Hubo alguna duda sobre si realmente llegaría debido al divorcio entre Oneplus y Cyanogen y realmente los usuarios de este teléfono podemos elegir entre dos ROM oficiales. Yo me quedé en Cyanogen.

Con la actualización tenía ya todo lo que quería cuando compré el Oneplus One, un terminal actualizado a la última versión de Android con un hardware más que decente y un precio atractivo. La experiencia Cyanogen tiene bastantes cosas positivas y alguna negativa.

Me gusta sobre todo la mayor capacidad de personalización que un Android normal. Lo más llamativo es la capacidad de instalar temas que permiten modificar, por ejemplo, el aspecto de la botonera software de la parte inferior o cómo queremos desplegar el menú de accesos rápidos (deslizando hacia abajo en la parte derecha de la pantalla o únicamente deslizando hacia abajo una vez que estamos viendo en panel de notificaciones).

También me gusta mucho poder personalizar el icono de la batería, el tipo de letra, reordenar los iconos de los accesos rápidos, tener la opción de reiniciar desde el menú de apagado... bastantes detalles que se echan en falta en Android puro.

Algunas cosas no tenían mucho sentido y fueron puliéndose en actualizaciones posteriores. Por ejemplo, los perfiles de audio dejaron de tener sentido cuando se saltó de Kit Kat a Lollipop debido a que aparecieron los modos prioridad y no molestar. Estuvieron algún tiempo pero al final se eliminaron en una actualización. Y también algunas aplicaciones de serie como Baton, para hacer backups y que nunca entendí cómo funcionaba.

También aparecieron nuevas opciones dentro del sistema, como tocar la resolución, cosa muy útil pues hasta entonces solo se podía hacer con root, y la resolución por defecto en un móvil de 5,5 pulgadas era demasiado grande (por cierto algo parecido han metido en el Samsung Galaxy S7 de serie).

Eso sí, algunas cosas se han perdido o han empeorado por el camino de las actualizaciones. Ya no es posible tunear el rendimiento del procesador. Aparecieron sugerencias de descargar aplicaciones de Microsoft a la hora de abrir un documento compatible (debido a la participación de dicha empresa en Cyanogen). También tuve una época de reinicios eran frecuentes hasta que hice una restauración de fábrica. Y el rendimiento de la batería deja bastante que desear (de hecho tengo un booster de batería con root que mejora la experiencia).

Actualizaciones tardías

Quizá la mayor pega ha sido el ritmo de las actualizaciones. Desde que salió Lollipop con meses de retraso siempre ha habido este problema. Android 5.1 también tardó en llegar. Y aunque hubo un par de actualizaciones de seguridad que llegaron más o menos rápido, Android 6.0 Marshmallow se ha hecho de rogar también.

A pesar de que Android 6.0 se lanzó el pasado octubre no ha sido hasta principios de abril que apareció la versión oficial de Cyanogen 13. Y todavía están desplegando la OTA, de hecho yo todavía no la he recibido y la imagen de fábrica para instalarla no está disponible de forma oficial.

Esta es quizá una de las mayores pegas. Yo estaba acostumbrado a usar los Nexus y cuando había una nueva versión la actualización era inmediata. Ahora tengo que esperar meses a recibirla y no me parece algo positivo.

Sabor agridulce

La conclusión de Cyanogen es agridulce. Estamos ante un sistema con unos añadidos muy buenos pero con algunos detalles que deberían pulir y que normalmente no están en las ROMs de fabricante. Los fabricantes sacrifican funcionalidad para que todo vaya fino, los que experimentamos con ROMs queremos muchos detalles y estamos dispuestos a soportar pequeños fallos. Y yo creía que Cyanogen vendría a aunar ambos mundos, es decir, todo funcionando a la perfección pero con muchas funcionalidades interesantes, pero no es así. Se parece más a tener una ROM cocinada, eso sí, con completo soporte del hardware.

Si sumamos esto a la tardanza en lanzar actualizaciones oficiales creo que cuando renueve móvil no buscaré con especial atención que el terminal tenga una ROM oficial Cyanogen. Sí que el fabricante actualice rápido y que haya una comunidad que saque ROMs cocinadas por si quiero experimentar, pero no necesariamente que sea un móvil Cyanogen.

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